domingo, 2 de mayo de 2010

Ceguera

Sin egos y con paciencia de viuda
de la rabia y el odio un laburante
gris triangular y flotante
tibio, espera por sangres negras.
Su ojo crecido en él duerme
descansando voraz al filo de la duda
sombría, sobre ellos siempre se cierne
madura y quiebra por fin sus días de ceguera.
Fluir de tiempos viejos y nuevos
en mares retenidos
con angustias claras de enfermo
llenan tu cuerpo así, de agua y lamentos.
Desesperadamente distraida
tu piel no acepta el correr del sueño
en ese nunca llenarse
explotando por dentro.
Sabias y ajenas manos frias
muestran luz y caricias de hielo
sacan afuera tu rabia
tus costumbres y tu encierro.
En ese viejo destilar austero
dejamos el tiempo en cero.
Vitales tus ideas comienzan a ver el cielo
dias de realidades de hijos, padres y abuelos.