
La música, tres cervezas,
el colectivo y la espera.
Sus ojos y los mios
las preguntas y el misterio.
La mujer que con recelo guarda las llaves,
el idioma de no hablar.
Ya no hay genteno hay palabras
no hay ruido
ya no hay nada.
Es todo, donde hilos conectan
a cada quién y a cada cuál.
La belleza de no pensar
y tratar de no olvidar lo que sentíste.
Casi al final,
donde no hay proyectos,
donde ahora es lo único real
solo hay amor sin preguntar,
sin esperar ni vacilar.
La realidad me llama al hombro,
el sol reclama su lugar,
dos o tres palabras quedan
sobre las que tejer
los sentires del corazón
que escapa a lo real
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