Un golpe traicionero, allí donde mas duele
certero y agudo como el soplido del viento helado
que entra filoso y de costado, evadiendo burletes y ventanas
filtrándose entre sabanas, paseándose entre las grietas que llegan al alma.
Los dedos que rozan allí donde mas quema
acariciando vestigios de piel rugosa disfrazada de seda
ardida como la misma arena de un desierto marciano
llegando la sangre a las manos cuando el desconcierto reina.
Como el cuerpo invadido de pulgas de un gorrión errante
que imita a la inversa las enseñanzas de la señora
valiéndose de una humilde danza posa el pecho en la tierra seca
bailando en el polvo anestesia el picor que el pasaje deja.
Es su destino y no hay reproches
ellas pican, se alimentan y reproducen
como el gorrión, el perro y las personas
repartiendo ronchas, rutinas y picores.
Como las flores a la pasada, que ya son parte del paisaje
ellas no cobran peaje en la entrega de belleza
acostumbrados los ojos del que pasa ya no las ven
por mas fuerza que en sus colores desplieguen
son parte del presente y victimas de la costumbre.
Entre la herrumbre de las rejas como diapositivas pasan
la imagen se entrecorta, casi como una película vieja
mustias y abandonadas sueltan pétalos de madrugada
evadiendo la vergüenza de un streeptease moribundo
dejando al mundo sin belleza de la noche a la mañana.
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